El secreto mejor guardado de Villa Ganz, ese lugar donde Klix siempre parece estar, aunque pocas veces se deje ver.


Con el gusto y la distinción de un lugar exclusivo, pero que sintetiza el alma de la casa.

Un bar con esencia de hogar, donde cada detalle cuenta su historia y cada cocktail lleva el sello de su anfitrión.


Donde Klix no busca la prisa. La carta privilegia destilados con historia, vinos con intención y coctelería que respeta el equilibrio. Hay tragos clásicos bien ejecutados y creaciones de temporada que hablan del jardín y de la casa. La música acompaña, no encabeza. La iluminación baja invita a la confidencia y al susurro.


Aquí todo se sirve con medida. El hielo es el justo, el cristal es el correcto, la temperatura importa. Es un bar para conversar, para cerrar el día con calma, para brindar sin estridencias. Los huéspedes encuentran su lugar natural; los amigos de la casa, una pausa.